Archivio per la categoria ‘El rayo verde’

La insostenible ligereza de la ensalada

Febbraio 29, 2008

Traduzione in italiano:  goolook.wordpress  

Recuerdo que hace veinte años, minuto arriba minuto abajo, escuché decir por primera vez en un debate televisivo: “Habla como come”. Tenía quince años y esa expresión se me quedó grabada en la cabeza. Enseguida pensé en los millones de mandíbulas que mastican en el mundo y en las bocas de las cuales salen sonidos, voces, palabras que para muchos significan algo. Bueno, el mundo… quizás la mejor novela, la mejor historia de siempre ha sido escrita en la cocina, en un simple plato, en un colador, donde  infinidad de palabras están representadas por muchas hojas de colores y por tantas verduras de formas y sabores diferentes. Estoy convencido de que nuestra historia y la de nuestra sociedad está escrita en todos los platos de ensalada, es a ella a quién tendrían que darle el Premio Nobel por la literatura. Todas esas hojas representan algo, todos esos colores, esas untuosidades transparentes con sabor amargo, así como lo es la vida sin amor o la vida sin sal. En el plato de ensalada están las historias de cada uno de nosotros, convulsas, camufladas con todo lo que sirve junto a las hojas supérfluas que se salen del plato.  Ese envoltorio es quizás la mejor novela de siempre, una historia que no quiere palabras para ser contada sino hojas, verduras, porque las verdades para ser contadas necesitan solamente un plato….  ¡Y nosotros que pensamos en los libros!

El rayo verde

El pasar del tiempo

Febbraio 22, 2008

Hay momentos en la vida en los cuáles descubrimos que el tiempo deja profundas huellas en nosotros…huellas, que quizás desaparecerán lentamente, pero que son una señal de alarma. Es hora de remangarse las mangas, de hacer algo, de no sufrir pasivamente el paso del tiempo en nuestra persona… y he tomado una decisión. La maldita correa del reloj me ha provocado una irritación en la muñeca, un enrojecimiento persistente y todo por culpa de esa correa de cuero… Cogí el reloj entre mis manos con la intención de meterlo con rabia en una gabeta para no usarlo nunca más, de repente tuve una iluminación… que por la mañana temprano no es fácil tener… “¿por qué no me lo pongo en la muñeca derecha?” Me sentí otra persona. Toda la presión del tiempo sobre la muñeca izquierda se desvaneció, ésta podía cortar el aire como una espada y hacer acrobacias en él sin la presión de un tiempo obsesivo que le oprimía la respiración. Y ahora mi reloj está aquí, enredado en la muñeca derecha, la cuál se lo ha pasado muy bien durante mucho tiempo, y es justo que también él sufra la vergüenza persecutoria del lento e inexorable caminar de las agujas del tiempo.

El ejército de las esponjas

Febbraio 21, 2008

Las formas de los objetos expresan en sus innumerables simbologías la sociedad de nuestro tiempo, me he convencido de ello mirando atentamente una esponja de cocina. Sabéis aquellas esponjas que tienen un lado suave y tierno como un niño que se pierde en un supermercado y que busca a su madre y un lado áspero y ruin como el jefe del personal de una multinacional de la nueva economía. Estaba apoyada al lado del fregadero, como un perro guardián al lado de una entrada, la habré usado más o menos diez veces pero nunca la observé de lejos. En el mundo minúsculo de los soldados de plomo esta esponja sería una máquina de guerra, su lado áspero que elimina los residuos existentes en los platos le permitiría viajar por los territorios dificiles y escarpados de zonas de guerra, y sin embargo, debe sólo desplazarse sobre las superficies llanas de platos, cubiertos, vasos, eso sí, acompañada por un buen jabón y uno se da cuenta de que podría y querría hacer más. Quizás en el mundo de los soldados de plomo invadiría países y ciudades, su forma da miedo y respeto al mismo tiempo y es fácil intuir que tras su paso es difícil que la hierba crezca. Habitualmente sirve para quitar las intransigentes manchas de grasa, convence, con la fuerza de su rasposidad, a las manchas de aceite a que se vayan a otra parte y luego se deja escurrir de mala gana por una mano cualquiera para terminar su jornada en la repisa encima del fregadero. Creo que en un futuro no muy lejano, cuando se piense que tampoco esta esponja superreforzada será bastante eficaz, se dispararán directamente ráfagas de Kalashnikov a los platos y todo por las malditas manchas de grasa.